Síndrome de Swyer: cómo descubrí mi camino hacia la maternidad

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Escribimos estas palabras con amor, respeto y admiración por todas las mujeres que luchan cada día para hacer realidad su sueño de convertirse en madres.

Siempre me pregunté por qué mi período nunca llegaba. Era una adolescente, en la edad en la que se supone que debes experimentar tu primer ciclo. Mis amigas —mis compañeras de toda la vida— hablaban de ello, de los cólicos, de los pequeños trucos para ‘ocultar’ el sangrado.

Pasaron los días y los meses. Sabía que, tarde o temprano, me llegaría el momento, pero… ¿cuándo? Fui creciendo, y aún nada. A esa edad ya debería haber estado teniendo mis ciclos, pero nunca llegaron. ¿Tengo algún problema?, me preguntaba una y otra vez. Algo no iba bien, y decidí que debía acudir a un especialista.

Después de años de dudas, miedos e inseguridades, por fin llegó el día de hablar con un médico y explicarle mis síntomas. El doctor me examinó y me dijo: “Tienes el síndrome de Swyer.
Me quedé paralizada. Por supuesto, nunca había escuchado esa palabra antes. Los nervios se apoderaron de mí, y lo único en lo que podía pensar era: ¿Qué significa esto para mí? ¿Existe alguna solución?

El doctor me explicó: “El síndrome de Swyer es una condición genética poco frecuente en la que una persona presenta rasgos femeninos a pesar de tener un cromosoma X y un cromosoma Y (el patrón masculino). La persona tiene órganos reproductivos femeninos como el útero, las trompas de Falopio y la vagina. Sin embargo, los ovarios no se desarrollan; en su lugar, hay masas de tejido.”

De repente, todo cobró sentido. ¡Por eso mi período nunca llegó! Pero entonces mis pensamientos fueron hacia lo más difícil: ¿y la maternidad? Siempre había querido ser madre. ¿De verdad nunca podría cumplir ese sueño? Aún no había salido de la clínica y ya me sentía abrumada por la frustración, la ansiedad y la desesperanza.

Salí de aquella cita con la mente nublada por tanta información y llena de preguntas. Necesitaba volver y hablar de nuevo con mi médico.

Y entonces llegaron las palabras que lo cambiaron todo:
“POR SUPUESTO QUE PUEDES SER MADRE. PUEDES HACER REALIDAD TU SUEÑO, SIN DUDA ALGUNA.”

Hablamos durante mucho tiempo, pero mi corazón se aferró a esa frase. ¡Puedo ser madre!

El doctor me explicó que la reproducción asistida podía hacer posible mi sueño. Con la donación de óvulos, un tratamiento similar a la fecundación in vitro (FIV), podría gestar a mi bebé utilizando óvulos donados y el esperma de mi pareja —o esperma de donante—.

¡Por supuesto que dije que sí! Mil veces sí. Todas aquellas lágrimas y miedos se han transformado ahora en risas, alegría y sí… también en más lágrimas, pero esta vez de felicidad. A pesar de mi rara condición, sé que lo lograré. Mi sueño es mío, y soy yo quien lo hará realidad.

Voy a hacerlo. Comenzaré mi tratamiento de donación de óvulos y conseguiré lo que siempre he querido: ser madre.

Y si tú también acabas de recibir este diagnóstico, quiero que sepas algo: no te rindas. La maternidad sigue siendo posible, y lo conseguirás.
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Porque tú, como mujer, mereces hacer realidad tus sueños.